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10 de diciembre de 2011

por Julio Cortázar,

No hay que llorar porque las plantas crecen en tu balcón, no hay
que estar triste si una vez más la rubia carrera de las nubes te reitera
lo inmóvil, ese permanecer en tanta fuga. Porque la nube estará ahí,
constante en su inconstancia cuando tú, cuando yo -pero por qué nombrar el polvo y la ceniza-.
Sí, nos equivocábamos creyendo que el paso por el día era lo efímero, el agua que resbala por las hojas hasta hundirse en la tierra.
Sólo dura la efímero, esa estúpida planta que ignora la tortuga, esa blanda tortuga que tantea en la eternidad con ojos huecos, y el sonido sin música, la palabra sin canto, la cópula sin grito de agonía, las torres del maíz, los ciegos montes.
Nosotros, maniatados a una conciencia que es el tiempo,no nos movemos del terror y la delicia, y sus verdugos delicadamente nos arrancan los párpados para dejarnos ver sin tregua cómo crecen las plantas del
balcón, cómo corren las nubes al futuro.
¿Qué quiere decir esto? Nada, una taza de té.

No hay drama en el murmullo, y tú eres la silueta de papel que las tijeras van salvando de lo informe: oh vanidad de creer que se nace o se muere, cuando lo único real es el hueco que queda en el papel, el golem que nos sigue sollozando en sueños y en olvido.

31 de agosto de 2011

"Narciso meneó sonriéndose la cabeza.
-No, querido, no puedes. Hombres hay que pueden aprender muchas cosas, pero tú no eres de ésos. Jamás serás de los que todo lo aprenden. ¿Y para qué? No lo necesitas. Posees otras dotes. Posees más dotes que yo, eres más rico que yo, y también más débil, tu camino será más hermoso y difícil que el mío. A veces querías no comprenderme, con frecuencia te has resistido como un potro cerril, no siempre fué fácil, y a menudo también he debido causarte dolor. Tenía que despertarte porque dormías. También el que te hubiese recordado a tu madre fué doloroso al principio, muy doloroso, apareciste tendido como un muerto en el suelo del claustro. Tenía que ser.."


de Narciso y Golmundo de Hemann Hesse.




Tu sabio dolor llegó a conquistarte (nos) y la vida se hizo la pilla, dándote una sopa de amor en un paquete malcerrado. Pero no temas, mi querido, que de eso se trata: vivir solo cuesta vida. Vivir solo cuesta sopas, vivir cuesta quemarnos, vivir cuesta esparcirnos. Vivir, vivre, life. ¿Y tú? ¿Tú cómo vives? Sé que eres un alma que no resiste no serlo, que tu pureza llega hasta un sinfin. No dudo de eso, porque hay cosas de las que no se dudan. Ella, la muy puta (la vida), nos hace doler para despertarnos. Entonces, no hay justicia para la vigilia; entiendo que no te importe ese estado si le cuesta que a tu espíritu le falte lo más preciado, un amigo. Todo tiende a un equilibrio. Todo dolor será amor. No existe una justicia física. Existe tu justicia. Esa que vos sabés legislar. Que mantiene lo que vale de lo que no. La que te hará un hermoso hombre, sabio, paciente. La que te quitará las mañas. Las que te agregará otras. En este estado de gotera, en el que sos pura actividad, activo, movimiento, energía, todo se condensa: sí, hechos. Hechos que se hacen para que uno sea feliz. A c ti vi D a des. Muchas. Sé que tu ser va a llegar a ese estado de anestecia, de paz, que es justamente todo lo contrario: una guerra que se juega de a uno y que vos, le das baile. Te abrazo, porque abrazar implica, rodear con los brazos, con el estómago, con un amor que no importa su naturaleza, su sustancia, su mal o buen contenido: amor, del que se puede dar, del que se quiere pero no se llega, del que se recibe pero se apena. Amor, desagradable amor podrido. Amor de lo que hay. Amor de mi hacia tí-

11 de agosto de 2011




Si tengo apetito es sólo
De la tierra y de las piedras.
Yo almuerzo siempre con aire,
Hierro, carbones y peñas.

Hambres mías, girad. Hambres, cruzad
El prado de sonidos.
Atraed el veneno alegre
De los lirios.
Comed los cascotes rotos,
Piedras de viejas iglesias,
Guijas de antiguos diluvios,
Panes sueltos en grises glebas.

El lobo aullaba entre el follaje,
Las bellas plumas escupiendo
De su comida de volátiles:
Como él me estoy consumiendo.

Las ensaladas, las frutas,
Sólo esperan la cosecha;
Pero la araña del seto
No come más que violetas.

¡Que yo duerma! Que borbotee
En los altares de Salomón.
El hervor corre por la herrumbre,
Y se mezcla con el Cedrón.


Arthur Rimbaud

6 de agosto de 2011

save it, pretty mama

Sálvalo, mamita,
sálvame tantas noches de naufragio,
salva tu blusa azul (era en enero, en Roma)
sálvalo todo, o salva lo que puedas.

Esto se viene abajo, pretty mama,
sálvalo del olvido, no permitas
que se llueva la casa, que se borre
la trattoria de Giovanni,
corre por mí por ti, sálvalo ahora,
te estás yendo y los pájaros se mueren,
me voy de ti te vas de mí, no hay tiempo,
sálvalo pretty mama,
la voz de Satchmo y ese grito
que te sumía en lo más hondo del amor,
save it all for me,
save it all for you,
save it all for us.

Aunque no salves nada, sálvalo mamita.






Julio Cortázar

20 de mayo de 2011

Como um vidrio estalado

Como um vidirio estalado. A quem me ler
Não derei, já agora, se esta imagem
Vem serena dos ramos que perderam
As folhas contra o céu, ou se mastigo
Qualquer raiva escondida.
Como doendo, ou sendo, ou mastigando,
Sejam rendas aéres, alma ferida,
Fecho, bruco, o poema onde não digo.


Como un cristal quebrado

Como un cristal quebrado. A quien me lea
No le diré, ahora, si esta imagen
Viene serena de las ramas que perdieron
Sus hojas contra el cielo, o si mastico
Una rabia escondida.
Doliendo, o siendo, o masticando
Sean encajes aéreos, alma herida,
Cierro, brusco, el poema en donde no lo digo.

José Saramago.

14 de abril de 2011

C-
La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente. François Muriac ---df-------------------------------------------------------------------------------------------- No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida. Simone de Beauvoir

18 de diciembre de 2010

Los Amores Difíciles, Calvino Italo

... y se encontró inmediatamente envuelto en su perfume, un perfume conocido y quizás ordinario pero ya amalgamado, por una larga costumbre, a los olores naturales del cuerpo.
La señora se había sentado con compostura, revelando, allí a su lado, proporciones menos majestuosas de lo que le habían parecido al verla de pie. Las manos, rollizas y con oscuros anillos que le apretaban los dedos, las tenía cruzadas sobre el regazo, encima de un bolso reluciente y de una chaqueta que se había quitado descubriendo brazos redondos y claros. Tomagra, al hacer ella ese gesto, se había apartado como para permitir un amplio despliegue de brazos, pero la señora permaneció casi inmóvil, quitándose las mangas con breves movimientos de los hombros y del torso.
El asiento del tren era pues bastante cómodo para dos y Tomagra podía sentir la extrema cercanía de la señora sin el temor de ofenderla con su contacto. Pero, razonó, lo cierto es que, pese a ser una señora, no había demostrado que ni él ni la aspereza de su uniforme la disgustaran, de lo contrario se habría sentado más lejos. Y, al pensarlo, sus músculos, que estaban contraídos y achatados, se aflojaron libres y serenos; más aún; sin que él se moviera trataron de expandirse al máximo, y la pierna con sus tendones tensos, separada de la tela misma del pantalón, se estiró, llenó a su vez el paño que la cubría, y el paño rozó la negra seda
de la viuda, y a través de ese paño y esa seda, la pierna del soldado se adhería a la de ella con un movimiento blando y fugaz, como un encuentro de tiburones, con un expandirse de ondas en sus venas hacia las venas de ella.
Pero era siempre un contacto levísimo, bastaba una sacudida del tren para recrearlo o anularlo; la señora tenía rodillas fuertes y carnosas, y los huesos de Tomagra adivinaban a cada sacudida el salto indolente de la rótula; y la pantorrilla tenía una mejilla sedosa y alta que con un imperceptible empujón había que hacer coincidir con la propia. Este encuentro de pantorrillas era precioso, pero a costa de una pérdida: el peso del cuerpo se desplazaba y el variable apoyo de los flancos no se producía con el dócil abandono de antes. Para conseguir una posición natural y satisfactoria debía desplazarse ligeramente en el asiento, gracias a una curva de las vías, o también a la necesidad comprensible de moverse de vez en cuando.

15 de noviembre de 2010

Pedro Páramo, por Rulfo

"Era una cara común y corriente.

-¿Qué es lo que quiere que le mire? -¿No me ve el pecado? ¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba a abajo? Y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo."





"-¿Verdad que la noche está llena de pecados, Justina?

-Sí, Susana.

-¿Y es verdad?

-Debe serlo, Susana.

-¿Y qué crees que es la vida, Justina, sino un pecado? ¿No oyes? ¿No oyes cómo rechina la tierra?

-No, Susana, no alcanzo a oír nada. Mi suerte no es tan grande como la tuya.

-Te asombrarías. Te digo que te asombrarías de oír lo que yo oigo.

Justina siguió poniendo orden en el cuarto. Repasó una y otra vez la jerga sobre los tablones húmedos del piso. Limpió el agua del florero roto. Recogió las flores. Puso los vidrios en el balde lleno de agua.

-¿Cuántos pájaros has matado en tu vida, Justina?

-Muchos, Susana.

-¿Y no has sentido tristeza?

-Sí, Susana.

-Entonces, ¿qué esperas para morirte?

-La muerte, Susana.

-Si es nada más eso, ya vendrá. No te preocupes.

Susana San Juan estaba incorporada sobre sus almohadas. Los ojos inquietos, mirando hacia todos lados. Las manos sobre el vientre, prendidas a su vientre como una concha protectora. Había ligeros zumbidos que cruzaban como alas por encima de su cabeza. Y el ruido de las poleas en la noria. El rumor que hace la gente al despertar.

-¿Tú crees en el infierno, Justina?

-Sí, Susana. Y también en el cielo.

-Yo sólo creo en el infierno -dijo. Y cerró los ojos."





"Tengo la boca llena de tierra". Luego se detuvo. Trató de ver si los labios de ella se movían. Y los vio balbucir, aunque sin dejar salir ningún sonido.

"Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimiendo mis labios . . ."